Bolivia

Bolivia nacio a la vida independiente el 6 de agosto de 1825 como primer presidente el Libertador Simón Bolivar

Escudo Nacional

El escudo de armas de Bolivia (oficialmente: Escudo Nacional) es el símbolo nacional heráldico oficial de Bolivia

Bandera Nacional

La bandera de Bolivia es el principal símbolo nacional. Fue adoptada el 31 de octubre de 1851 durante el gobierno de Manuel Isidoro Belzu. El día de la bandera es celebrado el 17 de agosto.

Sucre - Capital de Bolivia

Hace 186 años un puñado de hombres, representantes de las regiones en las que regía la disuelta Audiencia de Charcas, se reunieron para firmar el Acta de Independencia que daba lugar al nacimiento de la República de Bolívar

Juramento a la Bandera

Juráis por Dios, la Patria y la sagrada memoria de los Heroes de la Nación, defender vuestra bandera, sin omitir el sacrificio de la vida....

Combate de Nazareno

El Gral. Patriota Diaz Velez después de las derrotas sufridas en Guaqui y Amiralla (Cochabamba), esta ultima en agosto de 1811 se retiro a la cabeza de 800 hombres y se interno en la provincia de Salta.
El gobierno de Buenos Aires había enviado al Gral. Pueyredon a reorganizar los restos del ejercito vencido en Guaqui que lo puso en pie de 1700 hombres y cuando supo la nueva insurrección de Cochabamba y con objeto de contener el avance del Ejercito Realista del Sur, envió como vanguardia un destacamento de las tres armas con 800 hombres al mando del Gral. Diaz Velez hasta el pueblo de Yavi, Goyeneche por su parte habia destacado una vanguardia de 1600 hombres al mando del Cnl. Picoaga para que detuviese el avance del destacamento patriota, después de ligeros combates entre las fuerzas de Diaz Velez y Picoaga , este ultimo se situó cerca de Suipache mientras su contendor pasaba a ocupar el caserío de Nazareno.

El día 12 de enero de 1812 el Gral Patriota Diaz Velez resolvió atacar en sus posiciones a Picoaga y comenzó a vadear el río que estaba crecido. Empeoro la creciente del río y arrastro a varios soldados e impidió el paso del resto del Ejercito Patriota, Velez tuvo que retirase a sus posiciones dejando 170 hombres ahogados.

Seis días después Picoaga habia resuelto tomar ofensiva pero en esto habían llegado al campamento realista el Gral. Pio Tristan quien ordeno suspender el ataque hasta que llegase el Batallón "Abancay" que venia de refuerzo.

Diaz Velez que tuvo conocimiento de lo que ocurria en el campo enemigo y aprovechando la noche, emprendió la retirada hasta Huma Huanca situado a 48 leguas de Nazareno.

Las disposiciones tomadas por Tristan obedecían a la realidad existente entre el y Picoaga , cuyo prestigio comenzaba eclipsar el de Tristan en el Ejercito Realista , es decir , que el uno hacia sombra al otro, esta circunstancia valió para la salvación de las fuerzas de Velez , que irremediablemente estaban perdidas.

Batalla de Cotagaita

Después de la revolución Argentina de 25 de mayo de 1810 la Junta de Buenos Aires habia resuelto llevar sus armas a todas las provincias del virreinato, en consecuencia envió al Alto Perú una división de tropas aisladas a las ordenes del Gral. Antonio Balcarce de la junta al Dr. Juan Jose Castelli.

El ejercito argentino estaba compuesta por las siguientes armas

Infantería

  • Batallón primero
  • Batallón sexto
  • Batallón cazadores
  • Batallón blandengues

Caballería

  • Regimiento
  • Escuadron 1
  • Escuadron 2

El terreno.

Magnificas eras las posiciones escogidas por el general realista para esperar a los patriotas , dichas posiciones dominaban los caminos al interior del país tenían a su frente el río de Cotagaita, una áspera serranía en su centro donde donde los realistas construyeron 5 reductos.

En los reductos de la derecha fueron situados los batallones veteranos del rey al comando directo de Copioba en los de la izquierda el regimiento provisional de Potosí, parte de la artillería cubría los flancos.

La Batalla.

La mañana del 27 de octubre de 1810 llego el ejercito argentino cerca de Cotagaita.

Después de rudo combate los independientes cedieron y atacaron la derecha enemiga pero tambien fueron rechazados en el centro y la izquierda tuvieron que ceder el empuje de trincheras , rechazaron a los patriotas los que al cabo de cuatro horas de batalla tuvieron que retirarse pricipitadamente tomando el camino de Suipacha , sin ser perseguidos por el enemigo.

Andres Ibañez y el federalismo cruceño

Candidato a diputado por Santa Cruz en el 1874, competía con Antonio Vaca Diez.  Ibáñez fue elegido diputado, pero su actividad política principal la seguía realizando en Santa Cruz.

El igualitario era perseguido permanentemente por las autoridades que lo acusaban de soliviantar a las masas. Ibáñez organizó a sus seguidores y junto a medio centenar de ellos, se enfrentó al ejército en Cotoca, después se desplegó hacia la región de chiquitos donde sus adherentes financiaron un ejército de 300 voluntarios que marcharon para tomar Santa Cruz. Los primeros días de noviembre de 1875 fueron detenidos por el comandante Ignacio Romero que los derrotó cerca de la ciudad en un bosque llamado Pororós. Solamente la amnistía declarada por el gobierno en febrero de 1876, permitió a Ibáñez ir a la ciudad Cruceña.

Allí reorganizó su partido y proclamó la candidatura del general Daza, más como un maniobra política que confiando en que Daza compartiera sus ideas.

Inmediatamente surgieron las intrigas de los oficialistas que veían que Ibáñez se fortalecía. Daza recibía información distorsionada, al punto de que ordenó su captura. Nuevamente la clandestinidad fue el refugio del igualitario, hasta que en agosto de 1876, fue detenido y engrillado en la cárcel publica.

Un acta firmada por 900 ciudadanos en la que se denuncia “todo género de tormentos y ultrajes” que cometían las autoridades, devuelven el orden público y resuelven “nombrar prefecto y comandante general del departamento al Dr. Andrés Ibáñez”.  Es a partir del 2 de octubre de 1876, que Ibáñez gobierna Santa Cruz poniendo en práctica su programa igualitario.

Los primeros días de diciembre de ese año, 1876, los igualitarios proclaman la federación.  Emitieron una proclama de la Junta Superior federal del Oriente, donde sostienen que “una era de paz, igualdad y fraternidad.

El nuevo gobierno federal empezó a ejercer su poder con el nuevo año, 1877, cobrando impuestos a la producción de azúcar y emitió decretos para organizar su funcionamiento. Dejó a los terratenientes las tierras que cultivaban y distribuyó lo restante; abolió la servidumbre y otras cargas sociales de los más humildes. Llegó incluso a emitir papel moneda con el respaldo de los bienes públicos.

Los federalistas intentaron hacerse reconocer por el gobierno central de La Paz, el que anoticiado de la rebelión envió un destacamento militar al mando del general Carlos de Villegas para sofocarla.
Mientras tanto, Ibáñez marchaba hacia Samaipata para desbloquear e implantar la revolución federal en todo el departamento de Santa Cruz. El enfrentamiento era inevitable y ante ese echo, volvió a la ciudad para reordenar el gobierno federal y acondicionar sus tropas para enfrentar a Villegas. El 3 de Marzo de 1877, dictó el último bando federal disponiendo que toda la fuerzas militares de la ciudad debían retirarse hacia chiquitos.

Villegas entró en Santa Cruz y con 600 hombres, salió en persecución de Ibáñez y los igualitarios- federales. El 1ro de Mayo de 1877 terminó la persecución con la muerte de Andrés Ibáñez y tres de sus seguidores en la localidad Cruceña de San Diego.

Fuente: http://www.santacruz.gob.bo/


Vida y Muerte de Víctor Germán Busch Becerra

Victor Germán Busch Becerra había nacido el 23 de marzo de 1904 en San Javier de Chiquitos (Santa Cruz), había vivido su infancia y adolescencia con su madre Raquel Becerra, en Trinidad (Beni), hasta que el 20 de enero de 1922 había entrando al colegio militar en La Paz como cadete. Se inició allí como artillero, pero luego se encontró con su pasión de toda la vida: la caballería.

El 23 de agosto de 1939, a las 5:30 am, el entonces gobernante de Bolivia, Víctor Germán Busch Becerra, recibió un tiro en la cabeza en el despacho de su casa en la calle Rosendo Villalobos, de La Paz. 
El coronel Busch tenía sólo 35 años. Habíase convertido en Presidente de Bolivia a los 33 años. El más joven de nuestra historia hasta hoy. Sólo dos meses antes de su muerte, había renunciado a su cualidad de gobernante constitucional, electo por la Asamblea Nacional, y asumido la dictadura. Veía en ese método de gobierno la única forma de resistir al embate de los grandes capitalistas del estaño y sus sirvientes entre los partidos políticos tradicionales y los intelectuales a sueldo, que buscaban anular su sueño: devolverle a Bolivia sus propias riquezas naturales.

Las circunstancias de su muerte aún generan dudas. La versión oficial señala que el mandatario, máximo héroe de la Guerra del Chaco, se suicidó, aunque como únicos testigos del incidente estaban su cuñado, el coronel Eliodoro Carmona y su concuñado, el mayor Ricardo Goitia.

Germán Busch tenía muchos enemigos debido a las medidas sociales que había implementado en su mandato. Dos meses antes del hecho, el 7 de junio, había nacionalizado las ganancias de los grandes barones de la minería y en su discurso había adelantado: “Si a causa de esto cae mi gobierno, lo habrá hecho al amparo de una bandera admirable”
Germán Busch agonizó hasta las 2 de la tarde de ese día. Sin embargo, media hora después de su herida mortal, es decir, a las 6 de la mañana, ya Bolivia tenía nuevo Presidente: El general Quintanilla. El vicepresidente de Busch, Enrique Baldivieso, fue detenido y no lo sucedió en el cargo.

Entre las medidas más importantes del breve gobierno de Germán Busch (1937-1939) destacan:
  • La nacionalización de las ganancias de la gran minería, monopolizada entonces por los barones del Estaño.
  • La creación del Banco Minero
  • El primer Código de Trabajo de nuestra historia, que es base de la actual Ley General del Trabajo.
  • La Constitución de 1938, adelantada para su tiempo
  • La abolición de la esclavitud y el pongueaje
  • La recuperación para el Estado de YPFB, las regalías del 11% para las regiones productoras de petróleo
  • La reapertura de la Universidad Autonoma Gabriel Rene Moreno, cerrada por el gobierno de Toro en 1936
  • La vinculación férrea de Santa Cruz con Brasil y Argentina
  • La firma definitiva de la paz con Paraguay, quien debió devolver a Bolivia 20.000 kilómetros cuadrados como condición para la paz dada por Busch. De lo contrario, el mandatario había dicho que se reiniciarían las hostilidades.

Es sin duda, uno de los presidentes más enigmáticos y vibrantes de toda la historia republicana.

Coronel Constantino Valencia Oblitas

El coronel Constantino Valencia Oblitas fue Comandante de la Agrupación Táctica No. 3 (ATI -3)
Se desempeñó como un gran conductor. Entre otras tareas, habilitó el enlace telegráfico de su jurisdicción, permitiendo de este modo el recibimiento de la oportuna información sobre la aparición enemiga en tal o cual punto o población. 
La historia oficial no lo menciona; pero sí, a su comandante, el coronel Joaquín Zenteno Anaya Comandante de la 8va.División, quien, por lo analizado sobre su rol, no estuvo a la altura del cargo; su mayor error fue el de haber puesto en ejecución su "Plan Parabanó" totalmente esquemático que ningún resultado obtuvo, excepto sacrificar a sus unidades rastrillando en direcciones impuestas, restándoles de este modo la INICIATIVA para adoptar decisiones en su propio nivel, en conformidad a la situación creada en distintos momentos.
El coronel Valencia, por su capacidad profesional demostrada el año 1967, tres años más tarde fue designado como el Comandante de todas las fuerzas que combatirían a la guerrilla de Teoponte.

El día en que los chilenos combatieron por Bolivia

El 12 de junio de 1935, hace 80 años, Bolivia y Paraguay  acordaron poner fin a la Guerra del Chaco, iniciada en 1932. Este conflicto, el peor que recuerde el continente durante el siglo XX, dejó más de 90 mil muertos: 60 mil bolivianos y 30 mil paraguayos.

Entre las bajas bolivianas figuran los nombres de los chilenos Francisco Ortega Beiza, Vicente Romero Rojas e Ignacio Aliaga González, quienes poseían los grados de subteniente, capitán y teniente coronel, respectivamente.

Los soldados fueron parte de un contingente de 105 chilenos que se enrolaron para luchar por Bolivia, a partir de 1934.

“Los fallecidos fueron despedidos como héroes, el pueblo los veía como sus hijos, porque al sacrificar la vida por una bandera ajena, significa cubrirte en ella para la eternidad”, dice Marco Flores, periodista boliviano y presidente de la Sociedad de Historia de la Guerra del Chaco.

Flores escribió un artículo donde señala que Ortega Beiza no dudó un instante en lanzarse al asalto a “bayoneta calada” contra los paraguayos en el inhóspito Chaco Boreal,  territorio en disputa por problemas limítrofes y por la posible presencia de petróleo en la zona.

“En esa época se valoró mucho que ciudadanos chilenos defendieran a Bolivia. Hubo muestras de dolor por la muerte de Ortega. Ahora, poco o nada se sabe de ello, casi nadie revive en textos o artículos que muchos chilenos lucharon y murieron por Bolivia”, explica a La Tercera.

Ortega murió en 1934 y en 1936 sus restos fueron traslados al Cementerio General, en Santiago. A sus funerales asistieron miembros de la Legación de Bolivia en Chile

En 2011, Leonardo Jeffs, historiador chileno, publicó su tesis de doctorado “Chile y la Guerra del Chaco”, donde profundiza en este episodio inédito en la relación entre ambos países, crispadas hoy por la demanda marítima.

Jeffs señala que la participación de chilenos fue posible por varios factores, entre ellos lo convulsionado e inestable que estaba Chile a inicios de los años 30. El general Carlos Ibáñez del Campo había sido derrocado en 1931, después se sucedieron gobiernos de  muy corta duración, hasta que Arturo Alessandri es elegido en 1932.

En este escenario, muchos miembros del Ejército habían salido por razones políticas o porque estaban contra Ibáñez o Alessandri, o porque eran partidarios de la República Socialista. Además, en la institución no existían contratos permanentes para los suboficiales, como el caso de Ortega Beiza, quien fue dado de baja  con el grado de sargento 2° por “término de contrato” en 1927.

“Eran jóvenes  y se sentían inútiles. Consideraron que era la oportunidad para hacer algo de acuerdo a su formación. Otros creyeron que era una oportunidad de servir a una causa justa y otros lo hicieron por dinero”, explica Jeffs sobre las distintas razones que los motivaron a combatir en el Chaco.

La gran mayoría de los que partieron al Chaco fueron ex miembros del Ejército. En menor cantidad  de la Fuerza Aérea, Carabineros y Armada. El que llegó a ocupar el cargo más alto fue Aquiles Vergara Vicuña, quien fue sepultado en el Panteón de los Beneméritos de  la Guerra del Chaco en La Paz, con el grado de General de Brigada.

En su tesis Jeffs explica que las contrataciones las realizó un oficial en retiro boliviano, quien recorrió Chile libremente buscando voluntarios a los que se les otorgó un grado mayor al que tenían en nuestro país. Pero Paraguay protestó apelando a la neutralidad que Chile decretó en 1933. Las tensiones obligaron a Alessandri a publicar una ley prohibiendo las contrataciones por cualquiera de los gobiernos beligerantes. Pero fue letra muerta, algunos creen porque de esta forma Alessandri se deshacía de militares que podían participar en conspiraciones contra su gobierno.

Falta de reconocimiento

En el conflicto no sólo habrían participado ex miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden. Sergio González, Premio Nacional de Historia 2014 e investigador del Instituto de Estudios Internacionales de la U. Arturo Prat, dice que también se sumaron un número indeterminado de pampinos que veían en Bolivia una salida a la crisis económica, ya sea trabajando en la minería en ese país o buscando una oportunidad en la guerra.

Recuerda que en los años 80, en el marco de sus investigaciones sobre la historia del salitre, entrevistó a un pampino que se quejó porque no fueron incluidos en las pensiones de guerra que entregó Bolivia. “Me dijo ‘yo estuve hasta el final de la guerra y no recibo ninguna pensión de gracia porque soy chileno y porque quizás entenderán que estuve peleando por una cosa económica. Fuimos de los que más resistimos, estuvimos hasta el final’”, cuenta González.

El historiador explica que pese a que en este conflicto Chile fue neutral, apoyó a Bolivia indirectamente e incluso nunca puso problemas a la internación de armas. “Lamento, a veces, que  en la historiografía boliviana no se destaque este apoyo chileno a la causa boliviana, en un conflicto que fue bien doloroso para este país porque perdieron una parte significativa del Chaco”, dice.

Esta simpatía a Bolivia también se reflejó en el número de combatientes, porque apenas tres chilenos se sumaron a las filas paraguayas.

Jeffs coincide en que ha faltado reconocimiento. “Hay una calle en un barrio en las afueras de La Paz que lleva el nombre de Aquiles Vergara. Yo creo que es insuficiente. Creo que los chilenos merecen un poco más”, afirma el investigador.

Después de la guerra vinieron dos décadas de acercamiento entre ambos países, especialmente en el gobierno de González Videla. Las relaciones luego se profundizaron con Carlos Ibáñez del Campo en los años 50. “No sé si es resultado de la guerra, pero estas dos décadas fueron de bastante proximidad. El quiebre viene con la llegada de Jorge Alessandri y el problema del río Lauca. La década del 60 es de alejamiento”, señala González.

Fuente: La Tercera – Chile

Masacre de Terebinto

El 19 de mayo de 1958 se registró uno de los hechos de barbarie más crueles de la historia de Santa Cruz: "La Masacre de Terebinto", que fue impulsada por el gobierno nacional de aquella época el MNR
La masacre de Terebinto ocurrió tras la invasión de más diez mil campesinos armados provenientes de Ucureña (departamento de Cochabamba) enviados por el gobierno central para sofocar el 'foco rebelde' en Santa Cruz, que sólo demandaba el cumplimiento de la Ley del 15 de julio de 1938, conocida como la Ley Busch, la misma que otorgaba a Santa Cruz y a los departamentos productores de petróleo las regalías del 11 por ciento, recursos destinados para agua potable, luz eléctrica y caminos.

El gobierno de entonces atribuyó la revuelta al doctor Melchor Pinto Parada, siendo obligado a exiliarse en Argentina, mientras tanto, Lorgio Serrate Ribera quedó como presidente en ejercicio del Comité pro Santa Cruz.

Con la llegada de las milicias armadas a Santa Cruz empezó la persecución, asesinaron de manera cruel y sanguinaria a muchos cruceños, la mayoría estudiantes universitarios. Saquearon, incendiaron y destrozaron el Comité pro Santa Cruz, el Club Social 24 de Septiembre, domicilios particulares, abusaron salvajemente de las mujeres y encarcelaron a los hombres. Así los invasores enviados por el gobierno centralista manifestaron su odio al desarrollo de Santa Cruz.
En la propiedad “La Montenegrina” (Km 12 carretera antigua a Cochabamba), 150 milicianos al mando del Coronel Jorge Solíz Román, se preparaban para darse un festín con sangre cruceña ¡tenían órdenes de no dejar ni un solo falangista vivo! Partieron rumbo a Terebinto sembrando desolación a su paso, la madrugada del 19 de Mayo de 1958, un sobrino de doña Sofía Solíz llamado Juan se encaminaba a su chaco a trabajar y vio que hombres armados se dirigían a la propiedad de su tía, volvió sobre sus pasos y corrió rápido para advertir a doña Sofía y alertar a los dos falangistas que dormían en la casa.

Llegaron aproximadamente 50 milicianos, allanaron la casa y a sus moradores todos menores de 13 años con excepción de doña Sofía, los sacaron a empujones de la vivienda y empezó la requisa, no dejaron un solo rincón sin rebuscar, al no encontrar a los falangistas se ensañaron con los muchachos, los mayores habían madrugado a trabajar en sus chacos (parcelas) estaban lejos. Mientras esto sucedía en la propiedad la “Miel”, el grupo más numeroso de ucureños llegaba al “Potrero del Naranjal”, sorprendiendo a los falangistas aseándose, los ametrallaron y los remataron a machetazos, el primero en ser asesinado fue Romer Mercado Ordóñez por defender a su anciano padre, a Felipe Castro Parada lo sacaron de la casa a culatazos y a patadas, lo inmolaron cruelmente rematándolo con una ráfaga de metralla; José Cuellar Achaval intento la fuga pero estaba rodeado, una hiena lo hiere mortalmente de un machetazo en el vientre y otro desalmado cuchillo en mano le cercena parte de los intestinos y se los enrolla en el cuello, otros ucureños lanzan gritos de júbilo y lo ultiman a patadas; el turno le toca a Miguel Callaú Montero un muchacho de apenas 16 años, lo torturan a bayonetazos destrozándole una pierna, le disparan una ráfaga de pistan y lo dejan por muerto.

Pablo Castro Parada con más suerte que su hermano, al principio de la balacera logró correr hacia el monte y perderse en la espesura, los milicianos disparan sus armas pero no dan en el blanco. Los milicianos cansados de verter sangre falangista se dan un respiro y después se dedican a saquear las pertenencias de la familia Mercado, lo que no pueden llevar lo queman y vitoreando a Paz Estenssoro, a Siles Zuazo y a Lechin Oquendo emprenden el retorno con tres prisioneros, dejando muerte y desolación a sus espaldas

Alberto Mercado hermano de la primera víctima, Gabriel Candia Rivera y Justo Jiménez, son maltratados por los sádicos collas, les cortan en cruz las plantas de los pies y los conducen varios kilómetros en una vía-crucis inenarrable, las víctimas soportan insultos y golpes con estoicismo, al llegar cerca del predio la “Miel” los ucureños burlados se integran a la jauría y empiezan las recriminaciones, hay envidia por el botín y los facinerosos exigen su parte, discuten todo el trayecto hasta llegar a la poza de “Las Liras” y allí se ensañan con Gabriel Candia Rivera, lo obligan a vivar al MNR. Y el valiente responde ¡Viva Falange! Las hienas furiosas lo golpean, le cortan la lengua, le sacan un ojo y ríen a carcajadas, le cortan los genitales y se los introducen en la boca, rematándolo con una ráfaga de metralla, se dan la vuelta para seguir martirizando a otra de sus víctimas pero los prisioneros han fugado.

lberto Mercado y Justo Jiménez, pese a la gravedad de sus heridas en un esfuerzo supremo, logran escabullirse por una quebrada perdiéndose en la espesura de la selva, los milicianos reaccionan disparando sus armas, corren en pos de los fugitivos pero al llegar al monte se detienen, no se atreven a penetrar en la espesura. Los milicianos furiosos patrullan la zona, tendiendo un cerco a la propiedad de los Solíz por más de 20 días. Son cinco los prófugos en la zona, Alberto Mercado y Justo Jiménez son socorridos por los campesinos del lugar, los ocultan y les curan sus heridas. Solo Díos sabe de los tres fugitivos, que vagan por el bosque semidesnudos soportando la sed y el hambre, el sur y el chilchi, ellos son: Pablo Castro Parada, Oscar Terrazas Guzmán.

Las órdenes de los Despóticos comunistas Víctor Paz Estenssoro, Hernán Siles Zuazo, Juan Lechin Oquendo, Ñuflo Chávez Ortiz y Walter Guevara Arce, fueron cumplidas por aquella jauría de hienas, que torturaron, descuartizaron y asesinaron a los karas cambas para gloria del Movimiento Nacionalista Revolucionario; tiñendo con la sangre falangista la campiña cruceña.

Mientras eso ocurría en Santa Cruz, en La Paz, el gobierno distribuía panfletos en los que tildaba a Santa Cruz de separatista y de pretender anexarse al Brasil.

Fuente: porunaboliviamejor

Manuel de Castro del Castillo y Padilla

Manuel de Castro del Castillo y Padilla, o también Manuel de Castro y Padilla, nacido en Andújar, Jaén, el mes de diciembre de 1573.

Hijo del licenciado Alonso de Castro del Castillo, natural de Castrojeriz en Burgos y de doña Inés de Vera y Padilla, natural de Jerez de la Frontera. De profesión abogado, licenciado en Colegio Mayor de San Bartolomé, Salamanca, no era militar.

Fue nombrado Oidor de la Audiencia de Charcas, en la actual Bolivia, mediante cédula expedida el 10 de febrero de 1603, contando con 30 años, y siendo así el más joven en ocupar ese puesto. Ocupando el cargo de presidente de la Real Audiencia fundó la actual ciudad de Oruro, bajo el nombre de "Villa de San Felipe de Austria" en honor al rey Felipe III, el 1 de noviembre de 1606, destinada a ser un centro minero de plata en plena región de los Urus.

Consta en el acta de fundación de la Villa de San Felipe de Austria, labrada por el escribano Bartolomé Pérez de Larrea que acabada la bendición, Manuel de Castro y Padilla enarboló el estandarte en tres ocasiones diciendo en cada una de ellas: "La muy noble y leal Villa de San Felipe de Austria, por el Rey Don Felipe, Nuestro Señor y por sus sucesores en la Corona de la Castilla y León y el Perú…Que Dios guarde muchos años…"

Según una fracción de la historia narrada por Alberto Crespo Rodas, bajo el título: "Fundación de la Villa y Asiento de Minas Oruro", del libro "Oruro visto por cronistas extranjeros y autores nacionales siglos XVI al XXI; Manuel de Castro y Padilla llegó a ésta región los últimos días de julio de 1606, y "muy cautelosamente empleo tres meses en verificar lo que ya todo el mundo sabía en el Perú. Nombró veedores y personas prácticas en el conocimiento de los metales y de satisfacción y confianza", quienes visitaron minas y realizaron pruebas para comprobar la calidad de la riqueza de las vetas argentíferas y de otros minerales.

El día de la fundación fue una jornada de fiesta, las casas adornadas y en frente de la iglesia se armaron arcos y se inundó el espacio con flores. Este acto se convirtió en una fiesta; todo fue alegría y el pueblo enarboló por primera vez el estandarte carmesí en señal de júbilo y por la fundación de la nueva villa.
Al día de fundación sucedieron ocho jornadas de algarabía, los acaudalados degustando licores finos y el pueblo con vino de batalla donado por los potentados. Había música para todos los gustos, espectáculos del palo encebado, corrida de toros, serenatas, juegos de luces en las noches, presentaciones de teatro y cuanta manifestación de júbilo podían manifestar los habitantes de la villa.
Cuadro de la época de la ciudad de Oruro

La guerra del Chaco en fotos - parte 2


 Puesto de ametralladora pesada boliviana en acción
Pertrechos tomados en Carandaiti

 Soldado muerto en acción
Desfile paraguayo en la zona de operaciones
 Solados paraguayos disparando
 Generales Estigarribia y Peñaranda
 Columna incendiada
 Instrucción a morteristas
soldado muerto en acción
 Soldados paraguayos listos para marchar al frente de guerra
 Padre e hijo prisioneros paraguayos
 Transporte de prisioneros paraguayos
 Tanque boliviano destruido
 Trincheras bolivianas
Vivac

La Guerra del Chaco en fotos - parte I

La Guerra del Chaco, entre Paraguay y Bolivia, se libró desde el 9 de septiembre del año 1932 hasta el 12 de junio de 1935, por el control del Chaco Boreal. Fue la guerra más importante en Sudamérica durante el siglo XX. En los 3 años de duración, Bolivia movilizó 250 000 soldados y Paraguay 120 000, que se enfrentaron en combates en los que hubo gran cantidad de bajas (60 000 bolivianos y 30 000 paraguayos), gran cantidad de heridos, mutilados y desaparecidos.
Alto al fuego, 14 de junio de 1935

Cnl Toro, a su izquierda Cnl Garay jefe del estado Mayor

Presidente Salamanca y el General en Jefe del Ejercito Enrique Peñaranda
Celebran la terminación de la guerra

Oficiales de ambos bandos en el día de la cesación

Disparando morteros
Prisioneros bolivianos

General Quintela, Cnl. Añez, Mayor Vidal
Soldados del altiplano boliviano

Soldados paraguayos
Los generales de la comisión de neutrales

De izquierda a derecha, Gral. Estigarribia, Gral. Fuentes (Chileno) y Gral. Peñaranda

Masamaclay: Lugar donde pelearon dos hermanos

Boqueron es una isla de monte rodeada de pajonales, en la que se había abierto una plazoleta que contenía galpones de adobe (construidos por las fuerzas bolivianas de ocupación en 1928), tres o cuatro chozas de espartillo, un pozo de agua y un tajamar para abrevadero de animales, estaba elegida por el destino para servir de escenario a una de las gestas mas heroicas de la historia de Bolivia.


Amaneció el 29 de septiembre en media de la angustiosa expectativa de los combatientes. La artillería no se atrevió a actuar por la proximidad entre atacantes y atacados. El Teniente coronel Estigarribia había ordenado que sus divisiones se jugasen ese día el todo por el todo. Boquerón tendría que caer a cualquier costo.

Los primeros disparos de los fusiles paraguayos se perdieron en el hondo silencio con que respondió el frente boliviano. Un soldado cuenta que en esos momentos sintió “como si manos invisibles y gigantescas se apretaran a través del campo enmarañado y se estremeció de terror” (JD). Se levantaron algunos lienzos blancos. El capitán Antonio Salinas del regimiento Campos y el suboficial Carlos d'Avila del 14 de Infantería, salieron por la Punta Brava llevando el siguiente mensaje: "El comandante del fortín Boquerón al co­mandante de las fuerzas paraguayas en el mismo sector. Señor: el oficial portador de la presente nota, capitán Antonio Salinas, lleva la misión de entrevistarse con Ud, en representación mía.— Dios guarde a Ud.— Teniente coronel Marzana".

Estigarribia, en su puesto de mando a. 10 kilómetros de primera línea, al recibir la noticia telefónica de que se veían trapos blancos en las trincheras bolivianas, no pudo ocultar su satisfacción y exclamo “Creo que vamos a ahorrar muchas vidas paraguayas". Poco después eran conducidos a su lado, por el mayor Rafael Franco, el capitán Salinas y el suboficial d'Avila, que le hicieron entrega de su credencial y le expresaron que tenían la misión de concertar una entrevista con su jefe. "Digan a su comandante —les contesto Estigarribia— que lo espero en este mismo lugar, esta mañana, a la brevedad posible". Mientras Salinas y d'Avila regresaban, el teléfono transmitio otras novedades, Las fuerzas paraguayas habían invadido el fortin y estaban tomando prisioneros a sus defensores.
¡Que habia ocurrido? Al no recibir fuego y viendo los lienzos blancos en la Punta Brava, el teniente Paraguayo o Ma­nual Islas creyo que se trataba de una rendición y se lanzo a la carrera hacia el fortín, seguido por su compañia del Curupaity, con la intención de cosechar el lauro de tomar prisionero al teniente coronel Marzana. AI escuchar el clásico grito de triunfo paraguayo "¡Piiiipuuuu!", lanzado por estas tropas, los hombres de las demás unidades también se precipitaron hacia la misma meta desde todos los costados. Los oficiales y soldados bolivianos, que tenían orden de no combatir hasta que volviesen sus parlamentarios, se incorporaron temerosos en sus posiciones al ver esta avalancha que se les venia encirna. En pocos rninutos se vieron rodeados de sus enemigos que los observaban y hablaban con curiosidad. El teniente coronel Marzana fue hecho prisionero por los tenientes Islas y Valdovinos.

El teniente coronel José Carlos Fernández, comandante de la Primera División paraguaya, ordeno que se hiciese formar a las fuerzas bolivianas en la plazoleta del fortín. Sus oficiales obedecieron, pero extrañados de la escasez del efectivo boliviano, preguntaron una y otra vez: "Donde están los demás?" No podían creer que toda la guarnición del fortín eran esos pocos espectros encorvados y famélicos. "La entrada victoriosa de nuestras tropas en el histórico Boquerón —ha comentado el entonces mayor Antonio E. González— fue empañada por la vista de la espantosa tragedia que envolvía a los defensores: 20 oficiales y 446 soldados en el ultimo extremo de rniseria humana. , . Por todas partes armamento, equipo, cadáveres y escombros. En un galpón oscuro, cubiertos de harapos, mugre, sangre, estiércol y gusanos, se revolcaban mas de 100 moribundos sin curación, sin vendas y sin agua" añade Heriberto Florentin, otro oficial paraguayo; “Era una masa pululante de cuerpos lacerados en lúgubre promiscuidad con cadáveres putrefactos cubiertos a medias por mantas desgarradas y embadurnadas de sangre y excrementos pestíferos". Este mismo oficial, refiriéndose a otros puntos del reducto dice: "En el campo que pega contra el camino a Valencia, el sector mas castigado de la ofensiva paraguaya, yacían dispersos numerosos cadaveres insepultos, algunos de ellos, hinchados descomunalmente, terminaban por explotar estrepitosamente y por lo gene­ral en altas horas de la noche, como si quisiesen ocultar de la luz del sol el siniestro desparramo de su podrida entraña. En cambio otros. achicharrados por el calor solar; iban reduciéndose a la mínima expresión de cuerpos mornificados".

El mayor Arturo Bray, que habla exigido como comandante del regimiento Boqueron que se le entregase al tenien­te coronel Marzana, para ser el quien lo condujera a retaguardia, anuncio a las 7:40 en el puesto de mando de Estigarribia: "Presento al teniente coronel Marzana". El teniente coronel Estigarribia se puso de pie y extendió la mano a su adversario. El auditor de guerra del ejercito paraguayo, doc­tor Horacio Fernández, ha descrito el encuentro con estas palabras: "El reducido numero de oficiales presentes estaba en profundo silencio. Nadie se movía. La respiración contenida de todos, la presencia del jefe de las fuerzas bolivianas, la evocación de todo el drama sangriento. . . el final imprevisto de la carnicería humana que tantos horrores nos había hecho sentir, los disparos que aun a lo lejos se escuchaban, todo ello llenaba el ambiente de una solemnidad y una angustia infinita... El teniente coronel Marzana con traje kaki, botas de charol usadas, gorra y portapliegos, permanece de pie, mesa de por medio, frente al teniente coronel Esti­garribia. La barba crecida, la expresión agradable, un ligerisimo temblor agitaba su labio inferior, su pierna izquierda ligerarnente recogida se movía denotando la lucha gigantesca de sus nervios en tensión. Su voz era firme. . .". El dialogo fue breve. Todo estaba consumado. Marzana pidió garantías para su gente y Estigarribia le aseguro que las tenia, además de atención medica inmediata para los heridos.

El teniente coronel Marzana y sus hombres fueron conducidos a Asunción. El presidente Ayala al referirse en un discurso el triunfo paraguayo, tributo un noble homenaje a los vencidos: “Los oficiales y soldados bolivianos que se batieron en Boquerón y son nuestros prisioneros….. se comportaron con tal bravura y coraje, que merecen todo nuestro respeto”.

A su retorno del cautiverio, en 1936, el coronel Marzana al ser requerido por un diario de La Paz para hacer declaraciones, dijo simplemente. “no hicimos mas que cumplir con nuestro deber”