El día en que los chilenos combatieron por Bolivia

El 12 de junio de 1935, hace 80 años, Bolivia y Paraguay  acordaron poner fin a la Guerra del Chaco, iniciada en 1932. Este conflicto, el peor que recuerde el continente durante el siglo XX, dejó más de 90 mil muertos: 60 mil bolivianos y 30 mil paraguayos.

Entre las bajas bolivianas figuran los nombres de los chilenos Francisco Ortega Beiza, Vicente Romero Rojas e Ignacio Aliaga González, quienes poseían los grados de subteniente, capitán y teniente coronel, respectivamente.

Los soldados fueron parte de un contingente de 105 chilenos que se enrolaron para luchar por Bolivia, a partir de 1934.

“Los fallecidos fueron despedidos como héroes, el pueblo los veía como sus hijos, porque al sacrificar la vida por una bandera ajena, significa cubrirte en ella para la eternidad”, dice Marco Flores, periodista boliviano y presidente de la Sociedad de Historia de la Guerra del Chaco.

Flores escribió un artículo donde señala que Ortega Beiza no dudó un instante en lanzarse al asalto a “bayoneta calada” contra los paraguayos en el inhóspito Chaco Boreal,  territorio en disputa por problemas limítrofes y por la posible presencia de petróleo en la zona.

“En esa época se valoró mucho que ciudadanos chilenos defendieran a Bolivia. Hubo muestras de dolor por la muerte de Ortega. Ahora, poco o nada se sabe de ello, casi nadie revive en textos o artículos que muchos chilenos lucharon y murieron por Bolivia”, explica a La Tercera.

Ortega murió en 1934 y en 1936 sus restos fueron traslados al Cementerio General, en Santiago. A sus funerales asistieron miembros de la Legación de Bolivia en Chile

En 2011, Leonardo Jeffs, historiador chileno, publicó su tesis de doctorado “Chile y la Guerra del Chaco”, donde profundiza en este episodio inédito en la relación entre ambos países, crispadas hoy por la demanda marítima.

Jeffs señala que la participación de chilenos fue posible por varios factores, entre ellos lo convulsionado e inestable que estaba Chile a inicios de los años 30. El general Carlos Ibáñez del Campo había sido derrocado en 1931, después se sucedieron gobiernos de  muy corta duración, hasta que Arturo Alessandri es elegido en 1932.

En este escenario, muchos miembros del Ejército habían salido por razones políticas o porque estaban contra Ibáñez o Alessandri, o porque eran partidarios de la República Socialista. Además, en la institución no existían contratos permanentes para los suboficiales, como el caso de Ortega Beiza, quien fue dado de baja  con el grado de sargento 2° por “término de contrato” en 1927.

“Eran jóvenes  y se sentían inútiles. Consideraron que era la oportunidad para hacer algo de acuerdo a su formación. Otros creyeron que era una oportunidad de servir a una causa justa y otros lo hicieron por dinero”, explica Jeffs sobre las distintas razones que los motivaron a combatir en el Chaco.

La gran mayoría de los que partieron al Chaco fueron ex miembros del Ejército. En menor cantidad  de la Fuerza Aérea, Carabineros y Armada. El que llegó a ocupar el cargo más alto fue Aquiles Vergara Vicuña, quien fue sepultado en el Panteón de los Beneméritos de  la Guerra del Chaco en La Paz, con el grado de General de Brigada.

En su tesis Jeffs explica que las contrataciones las realizó un oficial en retiro boliviano, quien recorrió Chile libremente buscando voluntarios a los que se les otorgó un grado mayor al que tenían en nuestro país. Pero Paraguay protestó apelando a la neutralidad que Chile decretó en 1933. Las tensiones obligaron a Alessandri a publicar una ley prohibiendo las contrataciones por cualquiera de los gobiernos beligerantes. Pero fue letra muerta, algunos creen porque de esta forma Alessandri se deshacía de militares que podían participar en conspiraciones contra su gobierno.

Falta de reconocimiento

En el conflicto no sólo habrían participado ex miembros de las Fuerzas Armadas y de Orden. Sergio González, Premio Nacional de Historia 2014 e investigador del Instituto de Estudios Internacionales de la U. Arturo Prat, dice que también se sumaron un número indeterminado de pampinos que veían en Bolivia una salida a la crisis económica, ya sea trabajando en la minería en ese país o buscando una oportunidad en la guerra.

Recuerda que en los años 80, en el marco de sus investigaciones sobre la historia del salitre, entrevistó a un pampino que se quejó porque no fueron incluidos en las pensiones de guerra que entregó Bolivia. “Me dijo ‘yo estuve hasta el final de la guerra y no recibo ninguna pensión de gracia porque soy chileno y porque quizás entenderán que estuve peleando por una cosa económica. Fuimos de los que más resistimos, estuvimos hasta el final’”, cuenta González.

El historiador explica que pese a que en este conflicto Chile fue neutral, apoyó a Bolivia indirectamente e incluso nunca puso problemas a la internación de armas. “Lamento, a veces, que  en la historiografía boliviana no se destaque este apoyo chileno a la causa boliviana, en un conflicto que fue bien doloroso para este país porque perdieron una parte significativa del Chaco”, dice.

Esta simpatía a Bolivia también se reflejó en el número de combatientes, porque apenas tres chilenos se sumaron a las filas paraguayas.

Jeffs coincide en que ha faltado reconocimiento. “Hay una calle en un barrio en las afueras de La Paz que lleva el nombre de Aquiles Vergara. Yo creo que es insuficiente. Creo que los chilenos merecen un poco más”, afirma el investigador.

Después de la guerra vinieron dos décadas de acercamiento entre ambos países, especialmente en el gobierno de González Videla. Las relaciones luego se profundizaron con Carlos Ibáñez del Campo en los años 50. “No sé si es resultado de la guerra, pero estas dos décadas fueron de bastante proximidad. El quiebre viene con la llegada de Jorge Alessandri y el problema del río Lauca. La década del 60 es de alejamiento”, señala González.

Fuente: La Tercera – Chile

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